lunes 1 de febrero de 2010

Blair y su inmaculada conciencia

*Por Robert Fisk


Para retomar una de las más viles expresiones de lord Blair de Kut al Amara, hay una “distinción binaria”. Sangre que me empapó los zapatos en la sala de urgencias de un hospital de Bagdad en marzo de 2003, seres humanos que aullaban por sus quemaduras de fósforo, el anciano que con un pañuelo intentaba secar la sangre que brotaba de la órbita hueca de su ojo, las pilas de cadáveres en descomposición que había en la morgue de la capital iraquí. Y los gritos, sí, los gritos, y los ruegos y los quejidos de animal moribundo de los heridos y agonizantes.


Este viernes, Tony Blair se sentó en el Centro de Convenciones Reina Isabel II con su inmaculado traje, con su inmaculada corbata roja, su inmaculada camisa blanca y su inmaculada conciencia. Por Dios, eso sí que era una “distinción binaria”. La diferencia que existe entre el infierno del dolor y el infierno de la mendacidad dichosa.


Tendrían que haber estado en Medio Oriente para sentirlo con la debida intensidad. Blair estaba físicamente a solamente 3 mil 200 kilómetros de distancia de mí. Psicológicamente, sin embargo, se encontraba en otra galaxia, mientras componía y recomponía la historia.


Está el papel de Al Qaida. Todos sabíamos de esta institución particular. “Lo cambió todo”, como nos recordó una y otra vez Blair. Fue una de las razones por las que británicos y estadounidenses invadieron Irak. Supuestamente Saddam tenía nexos con la red terrorista, o al menos eso dijo Washington, y podía darle a la organización armas de destrucción masiva, según lord Blair.


Pero cuando resultó que los nexos eran tan inexistentes como las armas, Blair se sorprendió mucho al ver a la organización de Bin Laden reaparecer después de la invasión a Irak. “La gente no pensó que Al Qaida e Irán jugarían el papel que tienen.”


Blair fue a la guerra porque pensó que Al Qaida lo dejaría ganar en Irak. Por lo tanto, todo es culpa de Al Qaida. Nosotros no matamos a 100 mil iraquíes (nótese que utilicé el saldo mortal más benévolo registrado). Fueron ellos, los terroristas, los “sectarios”, los malos.


Blair hizo uso del mismo truquito deshonesto al hablar de la guerra israelo-palestina. “Es un problema constante para Israel”, nos informó. “Ellos usan enormes fuerzas en sus réplicas y se prolongan fácilmente dos semanas, pero fueron los otros quienes lo comenzaron todo.”


Pero no. No es así, lord Blair. Nadie pone en duda que los cohetes de Hamas precedieron la agresión israelí contra Gaza hace un año. De lo que se acusó a Israel fue de causar un número grotescamente desproporcionado de víctimas. Pero desde luego, eso no fue lo que Blair dijo, porque trabaja en Jerusalén, donde no puede ofender a ninguna de las partes. En su calidad de enviado para Medio Oriente, su trabajo consiste en impedir una carnicería masiva, cosa en la que fracasó abiertamente, como fracasó no poniendo fin a la carnicería en Irak.


Pareciera que Blair fue tan exitoso en Irak como lo fue en Gaza hace un año. Todo está mejorando. La vida en Irak es mejor a lo que era en 2007, 2003, 2002, y para el caso, 2001. Sí, ya entendí. Antes de la invasión, todo era culpa de Saddam. Después de la invasión todo es culpa de Al Qaida e Irán. ¿Hay suponer que ahora vamos a invadir Irán?


En un momento dado, este hombre miserable alardeó del legado histórico británico al implantar un gobierno iraquí alrededor de los años ’20, y omitió toda mención de una insurgencia masiva contra los británicos en Bagdad, Fallujah y Najaf, en 1922, que bien pudo haber sido una advertencia para él de la anarquía que surgiría después de 2003.


De vez en cuando, tuvo un resbalón, o al menos, el interrogatorio tocaba algún punto antes obviado. Cuando trató de decirnos que no se tomaron decisiones en su tristemente célebre reunión con George W. Bush en Crawford, Blair de pronto expresó (de hecho parece que se le escapó) que él creía que en esa ocasión hubo “conversaciones con los israelíes”. ¿Qué? ¿Israelíes? ¿En la crítica reunión en Crawford? Israel fue la única nación, además de Estados Unidos y Gran Bretaña, que apoyó la guerra y, de hecho, la alentó.


Un amigo mío en Jerusalén me hizo el favor de revisar sus archivos y ahí encontró que una “fuente” de la Cancillería israelí declaró que una invasión a Irak “definitivamente distraería la atención de la gente sobre el asunto israelo-palestino”. La investigación jamás se topó con esta interesante pista.


Al final de la comparecencia, al tiempo que Lawrence Freedman leía la lista de muertos cada año y yo recordaba haber visto algunas de esas tragedias con mis propios ojos, Irak se coló al recinto.
El ministro Adam Price tiene razón: “Nunca escucharemos una disculpa de este hombre”, dijo. No podemos, claro, porque lord Blair hablaba de su propio juicio, de ser “franco”, “absoluta y completamente” honesto y “absolutamente claro”. Debíamos “quedarnos ahí y solucionarlo”. Así que de eso se trataron todos los muertos, heridos, bombardeos, cuerpos despedazados, las violaciones y las torturas en Abu Ghraib.


Era un recinto demasiado pequeño para escuchar todo esto. No sorprende que no pudieron compactar ahí dentro a todos los deudos británicos. Casi 200 soldados ingleses no tuvieron representación en el acto. Esto llevó a que me preguntara cómo compactar las almas en el Centro de Convenciones Reina Isabel II de cien mil iraquíes muertos.


* De La Jornada de México. Especial para Página/12.
Traducción: Gabriela Fonseca.

lunes 25 de enero de 2010

Avatar (aunque usted no lo crea)


Ajá, la peliculita me hizo llorar como la pendeja que soy. Es un vergajo de cuento de hadas: están los malos y los buenos, está la magia, hay dioses. Claro, es ciencia-ficción, ¿o no? Cualquier parecido con la realidad actual es pura coincidencia. Voy a ver si pongo orden en la pea: 1) debe ser un coñazo verla en 3D, está llena de colores y luces, y efectos de colores y de luces. 2) los malos pierden y los buenos ganan. Creo que fue esto lo que me hizo llorar: saber que es una asquerosa mentira. Los malos no son dragones ni monstruos ni hechiceros. Los malos son peores que Sauron, que Darth Vader, que Lord Sith, que El duende verde, que El guasón: los malos son reales, son verdaderos, existen como una bofetada en la obscuridad. Es una crítica al Imperio Gringo, claro, una crítica al estilo Hollywood, sin diálogos muy profundos, algo bastante consumible y básico para el ciudadano promedio del norte. Me dijeron hoy que la versión que yo vi estaba censurada; supuestamente, hay una escena (que yo no vi) donde un marine veterano de guerra dice que ha estado en combate en lugares tan peligrosos como Venezuela. Quien me dijo esto, también dijo, evidentemente en contra de la censura y apoyando a la película, que al fin y al cabo era cierto, que este era un país muy peligroso. Que Hollywood haga estas cosas no debe extrañar a nadie. Se engaña quien cree que la industria cinematográfica norteamericana es inocente y no un arma de propaganda e ideología, quien cree que ellos sola y únicamente buscan entretener. Allí hay un germen. Si algún día, (esperemos que no ocurra, confiemos en los adoradores de yankilandia que los creen los protectores amorosos del mundo e incapaces de nada malo) se les ocurriese repetir en Venezuela lo que ya han hecho en multitud de países, es decir, atacar, invadir, destruir, saquear (cosa que ya vienen haciendo solapadamente), el pueblo gringo lo aceptaría sin muchos aspavientos, total, desde hacía rato ya le venían diciendo: “Bu, Bu, en Venezuela son malos y peligrosos, bu, bu, Venezuela está llena de malos y nosotros somos los buenos que luchamos por la Libertad y la Democracia”. Pero bueno, cuando alguien dice una cosa como éstas, saltan por ahí a llamarnos gobierneros, chavistas, disociados, y todas esas pendejadas fáciles. Sí, lloré como una pendeja, la pendeja que soy, porque sé que los buenos no ganan: por ejemplo, lloré cuando destruyeron la casa del árbol, cuando los destrozaron; pero lloré también cuando los na’vi comienzan a ganar, cuando todo se revierte y les empiezan a reventar el culo a los gringos, lloré porque sé que esas cosas no pasan; a ver, es algo así, mientras en la pantalla ellos van ganando, yo los veía perdiendo. Imagínense, los gringos van con unos helicópteros, ¡por dios!, en la realidad les bastan unos misiles teledirigidos y no tienen que ensuciarse mucho. Por cierto, ¿esa historia no la están contando los gringos en Irak?, para no ir muy lejos. Ah, lo que pasa es que allí ellos fueron para restaurar la Libertad y la Democracia, no para robarse el petróleo, ni para destruir la cultura, ni para alienar, mucho menos para civilizar a los bárbaros iraquíes incapaces de atender sus propios asuntos. El cine es un arma ideológica, de mercadeo, publicitaria, propagandística. Pero vivimos en el mundo del cretinismo, en el planeta de los imbéciles, quienes comen gato y saltan porque la liebre que digieren les transfiere sus poderes. ¡Alabado sea el demonio!¡Ven, tío Sam, y danos el pan nuestro de cada día!¡Sálvanos de Chávez, aunque nos partas el culo y acabes con todos nosotros, no importa, queremos ser como tú, enséñanos a comer como tú, a comprar como tú, a vender como tú, a destruir como tú, loado sea tu nombre por siempre jamás!¡Amén!

jueves 21 de enero de 2010

El museo de los esfuerzos inútiles presenta: Algunos Poetas Anónimos

¿Qué?: Un recital de poesía.
¿Cuándo?: El jueves 28 de enero de 2010
¿Dónde?: En la Sala A del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg)
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Poetas invitados:
Amarilis Hidalgo
Javier Véliz
Annabel Petit
Jesús Calderón
Adriana Requena
Leonardo González Alcalá
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Están todos cordialmente invitados
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lunes 18 de enero de 2010

Hombrecitos, de Sándor Márai

Ahora, leyendo La habitación cerrada de Auster, he recordado, por contraste, al nefasto Márai. ¿Por qué, cómo, en qué parte le he recordado? Hacia el principio, el narrador de la novela hace una reflexión sobre su amigo de la infancia, Fanshawe, y con serenidad, es capaz de admitir que siempre sintió por él, si no envidia, la sospecha de qué el pana era mejor que él, y a continuación comienza a relatar cosas o detalles que le han hecho entender eso, y que muestran una compresión de lo humano poco común. Y no pude evitar recordar El último encuentro del húngaro, aunque mejor sería cambiarle el nombre a la novela y llamarla Hombrecitos, porque eso es lo que es: un relato de varoncitos que necesitan reafirmarse como tales. La historia es más o menos así: dos panitas se conocen de niños y se hacen amigos entrañables, crecen, se hacen militares, uno (el protagonista) es rico y se la pasa de juerga flirteando con todas las pobres mujercitas de la ciudad, el otro (el antagonista) es pobre y se recluye en su habitación, se dedica al conocimiento y a la música. El rico se casa y tiene la vida perfecta, renombre, posición, dinero, mansión, lujos y una mujer que es un trofeo; el otro es solitario y es invitado todas las semanas a la mesa del rico, en compañía de la esposa. Un día, el pobre trata de matar al rico, pero no lo logra, y al día siguiente desaparece. El rico especula que su mujer y el mejor amigo eran amantes y sale corriendo a esconderse en una cabaña en el bosque. Pasan 41 años o algo así, y un día, el pana pobre vuelve y anuncia que irá de visita. El rico, que ya es todo un General, lo espera, manda a abrir alas de la mansión que estuvieron clausuradas y ordena que todo sea arreglado tal cual como estuvo la última vez que el amigo estuvo allí. Finalmente se encuentran, el visitante habla poco y el General se lanza sus soliloquios soberbios y maricones. Alguien me dijo algo así como que el libro podía ser una denuncia hacia la sociedad de la época, pero lo de denuncia no se siente por ningún lado. El libro me pareció y me sigue pareciendo una gran mentira. Las palabras del General son taxativas y es imposible no sentir allí la voz del escritor, como si a través del payaso militar, Márai explayara toda su ética y su moral, y también una carga impresionante de resentimiento. Pues nada, resulta que durante el monólogo, el General culpa al otro de la desgracia de su vida y le encasqueta que eso fue debido a que el pana le tenía envidia por su belleza, su riqueza, su inteligencia, su posición, joder, nombra de todo, nada más le falta decir que él tenía el güevo más grande. El otro permanece callado. Durante su diatriba dice ciertas cosas, no las recuerdo bien, pero dice vainas como que las mujeres (hablando de su esposa) en el fondo también son personas o que las mujeres no saben lo qué es la amistad, o cosas como que ella (la esposa) era la más débil de los tres y por eso sucumbió. Todo el texto tiene la estampa de una verdad, es la verdad, es expuesto como la verdad, y precisamente por eso es una solemne mentira. La sensación última es que la única persona fuerte en ese triángulo telenovelesco (Delia Fiallo se queda pendeja) es la tipa, porque el marido fue incapaz de darle la cara y por miedo a la verdad que ella tenía que decirle fue y se encerró en su cabañita para inventarse una verdad que en su cobardía fuese capaz de tolerar; y el otro, el pobre güevón, sin mayor virtud que la de haber sido amigo del General, salió corriendo y los dejó plantados a los dos. De principio a fin la telenovela me pareció falsa, machista, misógina, discriminadora, asquerosamente mentirosa, uno de esos panfletos patriarcales que no le recomendaría leer a nadie. Ah, pero perdón, el pana escribe bien. Bah, escribir bien es fácil; hacer verdadera literatura es otra cosa, y Márai no tenía ni idea de qué carajos era eso. Bueno, también me dijeron que debía leer más, que quizá ése era uno de sus primeros libros y que quizá con el tiempo maduró. Así que leí La cagada de Eszther, y no, qué va, eso es peor que ver un culebrón mejicano. El pana es un farsante. Pero bueno, en este país tenemos la mala costumbre de aplaudir cualquier basura que llega de Europa, y por Márai hay incluso quienes se mean las medias. Yo soy incapaz de escribir un novela, es cierto, pero prefiero mi inopia y mi falta de talento antes que soltar una mamarrachada como ésta.
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Nota1: pido perdón, mi amiga no dijo que quizá fuera una denuncia, sino un retrato de la decadencia de la clase burguesa en Hungría... lo que viene a ser prácticamente lo mismo, eh?

Haití: ¿terremoto o experimento? (¿cuál pastillita nos vamos a tomar, la azul o la roja?)

Manipular el clima y la gente
Silvia Ribeiro, Grupo ETC
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Con honrosas excepciones como Bolivia, casi ningún gobierno o industria plantean ir a las causas verdaderas del cambio climático y transformarlas. Las propuestas a la mesa son medidas de mercado (como el comercio de carbono) que no servirán para bajar las emisiones de gases con efecto de invernadero, o medidas tecnológicas que sin remediar la situación conllevan fuertes impactos sociales, ambientales y económicos, y aumentarán las injusticias provocadas por el calentamiento global.
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La geoingeniería es la nueva carta del lobby petrolero para negociar en Copenhague. Los gobiernos de grandes potencias muestran creciente entusiasmo con la perspectiva de no tener que cambiar nada ni reducir emisiones en sus fuentes y ya comenzaron a desviar recursos públicos para la investigación y experimentación en esta nueva tecnología, que con sus drásticas manipulaciones climáticas ocupa cada vez más espacios en medios, conferencias y reuniones. Son costosas propuestas (con un enfoque muy riesgoso) para manipular ecosistemas enteros o grandes porciones del planeta con el objetivo de combatir (eso dicen) el calentamiento global.
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De las propuestas de algunos científicos (que parecían ciencia ficción, lejos de ser tomadas seriamente y llevarse a la práctica), pasamos en poco tiempo a la presión por experimentar en el mundo real. Hoy la campaña por probar la “necesidad” y viabilidad de la geoingeniería está cargo de las más influyentes instituciones privadas que quieren mantener el sistema mundial basado en el petróleo.
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Geoingenieros, ejércitos y magnates petroleros. Un siglo de industrialismo basado en los combustibles fósiles que produjeron la “civilización” petrolera, provocó un caos climático de proporciones dramáticas: un calentamiento extremo del planeta, huracanes más violentos y frecuentes, más sequías e inundaciones, derretimiento de los polos y los glaciares, aumento del nivel de mar con riesgo para las poblaciones isleñas y costeras, trastorno de los ciclos agrícolas, mayor desertificación. Duras condiciones sobre las poblaciones más desposeídas.
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Desde hace décadas, la manipulación intencional del clima se volvió un objetivo militar. Por documentos ahora desclasificados sabemos que el gobierno de Estados Unidos provocó en la guerra de Vietnam lluvias que duraron meses para destruir caminos y cultivos a los vietnamitas. “Weather as a Force Multiplier: Owning the Weather in 2025” [“El clima como multiplicador de fuerza: ser dueños del clima en 2025”], es un documento clásico de la Fuerza Aérea estadounidense, de 1996, donde se plantea formas de manipular el clima con fines bélicos.
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Las propuestas recientes vienen de científicos como Paul Crutzen, premio Nobel de Química, que propone lanzar nanopartículas de azufre al cielo para tapar el sol y enfriar la tierra. Su lógica es que los gobiernos no van a tomar las decisiones necesarias para detener las emisiones de gases con efecto de invernadero y que la única salida es la manipulación tecnológica de gran escala que disminuya la radiación solar que llega a la tierra o aumente artificialmente la absorción de CO2.
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Su discurso converge con las instituciones y organizaciones de alto perfil que integran el llamado “lobby internacional del carbón”. Fuertemente financiadas por grandes petroleras como Exxon y Chevron, y por las transnacionales automotrices y de energía, han insistido por treinta años en que el cambio climático es “natural” y que cualquier medida que recorte el uso de combustibles fósiles —sobre todo petróleo y carbón— sería una atentado injustificado al “desarrollo”, las fuentes de empleo, el “derecho” a consumir más y a preservar el “modo de vida americano”.
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La geoingeniería les viene como anillo al dedo a estas instituciones y a los gobiernos de los países que más han provocado alteraciones climáticas, como Estados Unidos, para seguir argumentando que no hay necesidad de cambiar las pautas de producción y consumo energético basadas en combustibles fósiles, porque la geoingeniería restablecerá cualquier impacto colateral que éstos hayan tenido o puedan tener en el futuro.
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Las transnacionales de los agronegocios y agrocombustibles, las empresas de monocultivos forestales, las de biología sintética, los nuevos capitalistas del biochar y filantrocapitalistas como Bill y Melinda Gates, entre otros, financian y convergen en este discurso y estas estrategias. Gates por cierto, ya solicitó una patente para controlar huracanes. Ahora todos “reconocen” que es urgente tomar medidas contra el cambio climático, pero con remedios tecnológicos y megaproyectos de geoingeniería. Gracias a sus poderosos cabildeos y financiamientos, han conseguido que la Academia de Ciencias de Estados Unidos y la Royal Society del Reino Unido elaboren informes avalando la necesidad de más investigación y experimentación en geoingeniería, subsidiada con recursos públicos.
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Facetas, impactos, controles, cálculos. Los remiendos tecnológicos promovidos por la geoingeniería tienen graves problemas. Unos proponen fertilizar los océanos con nanopartículas de hierro o urea (que supuestamente provocan que crezca plancton que absorbe CO2 y lo lleva al fondo del mar), otros utilizar algas transgénicas o algas procesadas con microbios sintéticos que vertidas en el mar se dice que absorberían CO2; bombear con inmensos tubos las capas profundas del océano a la superficie para enfriar la temperatura superficial y aumentar la absorción de CO2; disparar el llamado “sulfato estratosférico” atomizado desde cañones o globos para formar una capa de aerosoles que imite el efecto de una erupción volcánica que tape los rayos solares y baje la temperatura; colocar millones de espejos de un tejido ultrafino de aluminio en el espacio entre el sol y la tierra para reflejar los rayos del sol impidiendo que lleguen a la tierra; lanzar agua salada a las nubes para que reflejen más los rayos del sol; quemar grandes cantidades de materia orgánica —cosechas, árboles, residuos vegetales— para producir carbón vegetal, enterrarlo en el suelo como fertilizante y así “secuestrar carbono”, plantar árboles y cultivos transgénicos con tecnología Terminator (resistentes a sequía, inundaciones, suelos salinos y otros), o finalmente sembrar nubes para provocar lluvia, disolver o redireccionar huracanes.
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En el caso de la fertilización oceánica, los experimentos y estudios publicados muestran que no sirve —el CO2 vuelve a liberarse— y produciría impactos en las cadenas tróficas del mar, falta de oxígeno en las capas profundas del océano, sobre-fertilización tóxica con nitrógeno, cambio de temperatura en las corrientes marinas, impacto en poblaciones de peces y en la regulación climática costera. Es la única manipulación climática sobre la que se logró una moratoria del Convenio de Diversidad Biológica desde 2008.
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Las otras manipulaciones tienen fuertes impactos en la acidificación de mares y tierra, en la capa de ozono, en el equilibrio de las lluvias, en las cadenas tróficas, en los equilibrios de los ecosistemas, según el remiendo tecnológico de que se trate. Todo remedio que implique monocultivos (y de transgénicos peor) conlleva más uso de agroquímicos que liberan gases con efecto de invernadero, múltiples impactos sociales, económicos y ambientales, grave contaminación de largo plazo en bosques y cultivos, mayor erosión de suelos y mayores áreas erosionadas.
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Hay problemas comunes. Para tener efecto sobre el clima del planeta, la manipulación debe implicar la violencia de la megaescala. Esto significa que mientras algunos países y/o empresas definen qué se altera, cómo y cuándo, muchos o todos los demás sufrimos las consecuencias.
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Los proponentes argumentan que hay que permitir la “experimentación”, porque eso no daña a nadie y luego se decidirá si se amplía. Pero no hay modelos matemáticos ni especulaciones que puedan predecir lo que realmente sucederá en las múltiples interacciones de ecosistemas, poblaciones vegetales, animales y humanas: el clima planetario es un sistema complejo e interconectado con infinitas variables dinámicas. Pero los geoingenieros presionan para que las “pruebas” sean a megaescala, lo que nos sometería a la ingeniería planetaria y a la dictadura climática de los que la controlen.
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Estas propuestas implican grandes inversiones y sofisticación y las proponen directamente las trasnacionales más poderosas del planeta. Incluso si las proponen gobiernos, dependen de tecnologías patentadas por empresas. Para éstas significa nuevas grandes ganancias y que los impactos los asuma la sociedad.
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Casi todas las propuestas (biochar, fertilización oceánica, monocultivo de árboles y cultivos transgénicos, agrocombustibles, algas transgénicas, árboles sintéticos, mezcla oceánica, siembra de nubes) pretenden vender sus proyectos como créditos de carbono en el mercado público o privado.
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La geoingeniería la proponen algu-nos países y empresas, que no por casualidad son los más extremos causantes del cambio climático. Argumentan que la crisis climá-tica no puede esperar un proceso de consenso global en Naciones Unidas, porque el multilateralismo es un método demasiado lento y burocrático para responder a las emergencias climáticas. ¿Qué pasará si Estados Unidos quiere un par de grados más frío y Rusia un par de grados más caliente? ¿Los países del Sur global deberán aguantar lo que les toque de sobra en el tironeo?
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La geoingeniería será un detonador de próximas “guerras climáticas”.
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Si todos estamos amenazados junto con el planeta, los países más pobres y vulnerables sufrirán 90 por ciento de los impactos. Los campesinos, indígenas, pescadores artesanales, habitantes de los bosques y pastores nómadas, son quienes sufrirán los mayores impactos por los daños colaterales de la geoingeniería. Si una de los primeros remedios que se quiso implementar en el mundo real (la fertilización oceánica con urea en Filipinas), se hubiera realizado habría terminado con los medios de vida de 10 mil pescadores artesanales.
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Bjorn Lomborg, famoso “investigador” que niega el cambio climático, asegura que la geoingeniería es muy barata. Según él: “podríamos contrarrestar el calentamiento global si 1900 barcos no tripulados lanzan agua marina al aire para espesar las nubes. El costo total sería de unos 9 mil millones de dólares, y los beneficios de impedir que la temperatura aumente sumarían unos 20 billones de dólares. Esto equivale a un beneficio de 2 mil dólares por cada dólar gastado”.
Los cálculos de Lomborg son especulativos, arbitrarios y falsos. Ejemplifican lo que difunden las instituciones del lobby petrolero para demostrar que la geoingeniería no sólo es una solución sino una buena inversión para los gobiernos. Ninguno “cuenta” los inmensos costos ambientales, sociales e incluso económicos que conllevaría, intentar reparar o mínimamente “adaptarse” a los nuevos impactos.
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Conclusiones. Podría parecer una discusión alejada de nuestra vida cotidiana, de las preocupaciones graves y urgentes de las organizaciones y movimientos sociales, pero es fundamental que conozcamos estos nuevos escenarios y los riegos que conllevan. La geoingeniería será presentada por poderosos cabilderos y gobiernos como la única solución “políticamente viable” en las negociaciones de cambio climático en Copenhague.
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El Grupo etc ha concluido que la geoingeniería es una respuesta equivocada y altamente peligrosa y que se debe prohibir a nivel internacional su experimentación y desarrollo en campo. Se debe prohibir que cualquier gobierno o empresa tome decisión alguna sobre ella en forma unilateral, ya que las consecuencias necesariamente nos afectarán a todos.

sábado 16 de enero de 2010

La verdad sobre el siglo de oro americano

Luego del coñoemadrismo del post anterior, un post más light para amenizar la charla, ¿o no es más light lo que viene a continuación?:
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En tres siglos, las letras de la región estuvieron marcadas por prohibiciones severas, censuras y amonestaciones religiosas. En las Recopilaciones de las leyes de Indias se establecía que no se debían imprimir textos con vocabulario indígena, se limitó la lectura a textos ortodoxos elegidos por sacerdotes y se impidió la importación de novelas romances como las que trataban sobre caballería. La escritura quedó reservada al área de influencia hispánica y se constituyeron círculos ilustrados que estaban sometidos por la iglesia. Mientras duró en España el llamado Siglo de Oro (nombre ambiguo porque fue la época de mayor saqueo del oro del Nuevo Mundo y al mismo tiempo fue una era dorada a nivel cultural); mientras aparecían las obras de Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Fernando de Rojas, san Juan de la Cruz, fray Luis de León, Pedro Calderón de la Barca y Baltasar Gracián, en América Latina aparecían catecismos, poemas épicos de la conquista, poemas por encargo, y obras de adoctrinamiento. No se permitía la originalidad.
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El saqueo cultural de América Latina. (Debate, 2008)

jueves 14 de enero de 2010

¿Quién le teme a Arístides Medina Rubio?


Alias Mondongo. Veamos, el pana tiene su trayectoria. Es historiador, ha sido profesor, me parece que en la universidad central, fue director de la Biblioteca Nacional (donde –supuestamente, yo no sé por qué- lo detestan) y otras bellezas por el estilo. También, según me cuentan, es uno de esos panas machistas y discriminadores de género de quien siempre se corrieron extraños rumores por los pasillos del claustro universitario. Y bueno, rumores se corren de todos, ¿o no?: los rumores no tiene por qué ser ciertos, a menos que se demuestren. Una cuestión de lógica formal. Ya va, pero la trayectoria del amigo no se queda ahí. Fue orador de orden en la instalación del PSUV, en donde hilvanó un discurso que versó sobre ética y socialismo, o sobre la ética del socialista o sólo sobre la ética, no sé, yo no lo vi, aunque lo busqué por internet. Supongo que a quien le interese puede hacer su propia búsqueda. Pero hay más en la hoja de vida de este “hombre”: en el año 2006 recibió la Orden Francisco de León en su Primera Clase, en cuyo acto estuvo presente José Vicente Rangel. No es baladí recordar que esta Orden se entrega a las “personas institución” que promueven la solidaridad, la identidad y el respeto mutuo. Sin embargo, seguimos sin hacer honor a labor tan ilustre: en el año 2008, Medina Rubio fue designado Presidente de la Fundación Centro Nacional de la Historia, cargo en el que se desempeñó hasta hace poco. Pues nada, que al panita le pusieron los ganchos, en el decir de una amiga; y le dieron casa por cárcel; claro, no le dieron cárcel, lo cual es pertinente recalcar. ¿Razones? Pues mira, se cuentan cosas, algunos creyeron que fue por sus malos manejos (ya se sabe lo que son las lenguas en este país) con unas supuestas imprentas que tenía, en las que el pana se pagaba y se daba el vuelto, algo así como corrupción burocrática, pues. Pero no. El cuento va más o menos así (esta es una versión): una niña de entre 10 y 11 años fue adonde estaba su papá y le dijo que un hombre trató de abusar de ella, que le metió mano, que trato de ultrajarla (digámoslo así para que les suene bonito a los susceptibles, que ¡ABUNDAN! (los patriarcas y las patriarcas ¡ABUNDAN!)). El padre (también ultrajado, no faltaba más) le pidió que se lo describiera, que le dijera quién fue. Al parecer (repito, según una versión), Medina Rubio estaba dando unas declaraciones en el programa de VTV “Dando y Dando” sobre el Bicentenario, y la niña lo señaló. Algo así como: la niña ve la pantalla, se asombra (o se espeluzna), levanta la mano, y con su dedo lo señala: “ése es papá, ése es el hombre”. ¿Y quién estaba en la pantalla? ¡MEDINA RUBIO! ¡Por la santa cachucha de Batman! Ahora, la historia también es así: Medina Rubio se encuentra en el cafetín del Ministerio de la Cultura, y allí, en público, intenta violar a una niña de entre 10 y 11 años. Cuentan las malas, viperinas y aguzadas lenguas, que el padre de la niña fue y se le enfrentó y le cayó a coñazos a esa momia de más de 70 años; llamó a la policía y lo mandó a poner preso. Pero, ¿quién puede mandar a poner preso al impune Medina Rubio? ¿Quién era la niña (que cuentan que peleó, se defendió y se zafó del pedófilo)? ¿De quién era hija la niña a quien Medina Rubio trató de violar (gracias a la Providencia infructuosamente)? Pues nada menos, y nada más, que del Ministro de la Cultura, Héctor Soto, alias Pistacho (no me pregunten, no tengo ni idea de por qué lo llaman así). Es decir, resumamos: Arístides Medina Rubio, Presidente de la Fundación Centro Nacional de la Historia trató de violar, en el cafetín del Ministerio de la Cultura, a la hija de entre 10 y 11 años, del Ministro de la Cultura. Y le dieron casa por cárcel. Y le revocaron el nombramiento de Embajador en Perú, que ya estaba consumado. Parece de ficción, ¿cierto? Ahora, vienen las preguntas y/o las elucubraciones: imagínense a un pana de más de 70 años tan obeso que lo llaman Mondongo, tratando de violar a una niña en el cafetín de un ministerio. Preguntas: ¿se le habrá parado?, ¿trataría de culpar a la niña (quién sabe, quizá adujera que andaba con un vestidito “de niña” para seducirlo (nunca se sabe)) (cuentan que Pistacho grabó la confesión y tal)? ¿Por qué en ningún medio de comunicación (ni gobiernero ni pitiyanki) se dijo nada al respecto? ¿Qué hubiese pasado si la niña no es la hija del ministro sino de una de las señoras que limpia? ¿Cómo puede hacer eso en un cafetín? ¿Será que el cafetín lo erotizó? ¿Será que quería que lo agarraran? ¿Será que se confío de su impunidad? ¿Cuántas veces lo hizo antes (recordemos los extraños rumores que corrían por el claustro universitario)? ¿Por qué no lo enviaron a la cárcel como hubiesen hecho, por ejemplo, con cualquier pelabolas proletario del país? ¿Quién lo protege? ¿Quién le tiene miedo al escándalo? ¿Se desmoronaría el gobierno si lo hace público o lo ayudaría a lavar su imagen frente a los “electores” (no hay que olvidar que es año electoral)? Este es un país socialista, no, perdón, este es un país con un gobierno socialista, que sigue pautas (supuestamente) marxistas-leninistas. Ahora, si esto ocurre en China, por ejemplo, o en Cuba, para no ir tan lejos. Eso. Imaginemos que un pana-momia-impune-viejo-y-loco intenta violar a la hija de entre 10 y 11 años del Ministro de la Cultura de Cuba, ¿qué creen ustedes que pasaría? Pues nada, casi seguro que lo fusilan, casi seguro que lo meten dos pepazos en la frente (porque, evidentemente, corazón no tiene). ¿Y aquí? ¿Le dan casa por cárcel? ¿Le dicen: señor, vaya a su casa, enciérrese ahí y no salga más? Pues sí, eso hicieron. Eso. Exactamente eso. Tengo una penúltima pregunta alarmante, una penúltima pregunta que ya hice antes pero que voy a repetir: ¿Qué hubiese pasado si la niña no es hija del ministro sino de un bedel, por ejemplo?: impunidad, Caracas, impunidad, Caracas, impunidad. Y ya para cerrar, mi última pregunta: ¿QUIÉN LE TEME A ARÍSTIDES MEDINA RUBIO?

Nota1: Si alguien siente curiosidad por mis fuentes pregunten en el Ministerio de la Cultura. Secreto a voces. Es la comidilla del día. En el Ministerio de la Cultura todos conocen a Medina Rubio. Yo no afirmo ni niego nada. Yo no tengo pruebas ni antipruebas de nada. Yo sólo cuento chismes, rumores, cuentos, yo sólo hago literatura. Yo sólo soy una objetora que, a veces, sólo busco que algunas personas, de a pie, proletarios, pobres, embaucados, timados, se arrechen. No me culpen a mí, yo no soy más que una mensajera. Yo sólo paso un cuento que nadie se atreve a contar. Repito: ¿QUIÉN LE TEME A MEDINA RUBIO? Yo no.
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Nota2: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Esto es pura ficción, ¿o no?
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Nota3: Sé que mi blog va de otra cosa o parece que va de otra cosa. Pero en el fondo va de esto, de estar en contra. De no estar de acuerdo con el silencio. Aquí no nos gusta el silencio. No nos gusta la censura. Menos aún la autocensura.
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Nota4: Claro que los seres humanos sufren, claro que los seres humanos tienen contradicciones, claro que somos blancos y negros, claro que, a veces, las obras de los seres humanos son mejores que ellos mismos, pero perdón, yo no siento pena por los delincuentes, y menos cuando estos delicuentes son pedófilos, a los pedófilos con todo, los pedófilos al paredón, y que sus contradicciones y sus dolores se los lleven a la mierda.
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Nota5: No me fusilen por favor, queridos gobierneros y poderosos, no me fusilen, el enemigo son los Medinas Rubios.
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Nota6: Ahora me pregunto, para mí, una pregunta para mí: ¿cómo pasará sus últimos días el ilustre e infame Medina Rubio?, mi personaje de ficción. Uno de muchos patriarcas, misógino, discriminador y sexista.
 
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